India: pastor queda inconsciente tras brutal ataque de más de 100 radicales hindúes durante culto cristiano

Un violento ataque contra cristianos ocurrió el 7 de febrero en la aldea de Kotwara, en el distrito de Khandwa, estado de Madhya Pradesh, India. El pastor Ramesh Barela, de 42 años, había llegado a la casa de Naval Singh para dirigir un pequeño culto doméstico con cuatro familias cristianas, donde participaban alrededor de 16 personas. Pero lo que debía ser una reunión de oración terminó en una escena de violencia cuando un grupo de más de 100 hombres radicales hindúes irrumpió en la vivienda.
Los atacantes golpearon brutalmente al pastor Barela hasta dejarlo inconsciente. Otros creyentes presentes también resultaron heridos. Según los informes, los agresores acusaron a los creyentes de realizar «conversiones forzadas» —una acusación frecuentemente utilizada por grupos radicales hindúes para justificar ataques contra comunidades cristianas en India—. El pastor fue hospitalizado con lesiones graves, mientras que los atacantes escaparon antes de la llegada de las autoridades.
La persecución cristiana en India
India se ha convertido en uno de los países donde la persecución contra cristianos crece a un ritmo alarmante. Según informes de organizaciones como Open Doors y Puertas Abiertas, más de 60.000 cristianos enfrentan algún tipo de hostilidad cada año en el país. Estados como Madhya Pradesh, Uttar Pradesh y Odisha encabezan la lista de zonas donde la violencia anticristiana es más frecuente y donde los grupos nacionalistas hindúes operan con mayor impunidad.
Las llamadas «leyes anticonversión», aprobadas en varios estados indios, han sido interpretadas por grupos radicales como una luz verde para atacar a cristianos bajo cualquier sospecha de evangelización. Aunque estas leyes formalmente prohíben «conversiones forzadas», en la práctica se utilizan contra cualquier actividad cristiana, desde reuniones de oración hasta repartos de Biblias o asistencia social a comunidades pobres.
El testimonio frente a la persecución
Lo más conmovedor de los testimonios indios no es solo el sufrimiento, sino la respuesta de las víctimas. Pastores que después de ser brutalmente golpeados regresan a predicar, familias que pierden todo y siguen reuniéndose para orar, comunidades enteras que se sostienen mutuamente en medio de la hostilidad. Este testimonio recuerda la fortaleza de los cristianos del primer siglo, quienes enfrentaron al imperio romano sin perder la fe.
Pablo escribió desde la cárcel: «Tengo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros» (Filipenses 1:23-24). Esa misma actitud anima a los pastores indios que arriesgan sus vidas cada día por amor a sus hermanos. La persecución no destruye a la iglesia: la depura y la fortalece.
Lo que la Biblia anuncia sobre la persecución
Jesús fue enfáticamente claro: «Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Juan 15:20). El cristianismo nunca ha sido prometido como un camino fácil; al contrario, fue presentado por su fundador como un sendero estrecho que requiere negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguirle (Mateo 16:24). En tiempos como los actuales, esa palabra de Jesús resuena con fuerza renovada.
2 Timoteo 3:12 declara: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución». No se trata de una posibilidad lejana sino de una realidad cotidiana para millones de hermanos en el mundo. Estos hermanos sostienen su fe en condiciones que muchos creyentes occidentales apenas pueden imaginar, y nos recuerdan que el cristianismo es mucho más que una preferencia cultural: es una entrega total a Cristo aún a costa de la vida.
Reflexión final
La iglesia global tiene la responsabilidad de orar por sus hermanos perseguidos, apoyarlos materialmente cuando sea posible y abogar por la libertad religiosa ante gobiernos y organismos internacionales. «Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo» (Hebreos 13:3). Que la sangre derramada en India y otros lugares no sea en vano: que sea semilla de un avivamiento más grande del que jamás hayamos visto.









