Condenadas por su fe: el caso de dos cristianas en Irán que conmocionó al mundo

En Irán, donde abandonar el islam puede implicar graves consecuencias legales, dos jóvenes cristianas —Maryam Rostampour y Marziyeh Amirizadeh— fueron arrestadas en 2009 tras ser acusadas de distribuir miles de copias del Nuevo Testamento en persa. Su historia desató presión internacional y reavivó el debate sobre la persecución religiosa contra cristianos en países musulmanes.
Ambas, nacidas en familias musulmanas, experimentaron una conversión al cristianismo a comienzos de los años 2000. Tras conocerse durante su formación teológica fuera de Irán, regresaron a su país con un único propósito: llevar el Evangelio a sus connacionales. Durante tres años distribuyeron silenciosamente más de 20.000 Nuevos Testamentos en farsi, sabiendo que cada Biblia entregada podía costarles la libertad o incluso la vida.
El arresto y la prisión de Evin
Maryam y Marziyeh fueron arrestadas en marzo de 2009 y trasladadas a la prisión de Evin, una de las cárceles más temidas del mundo. Allí han sido encarceladas figuras opositoras al régimen, periodistas, activistas y otros cristianos. Las condiciones son inhumanas: celdas superpobladas, falta de higiene, interrogatorios extensos, presión psicológica constante y, en algunos casos, tortura física.
A pesar de las amenazas, las dos mujeres se negaron a renegar de su fe. En múltiples comparecencias ante jueces, magistrados y autoridades religiosas, mantuvieron firme su declaración: «Somos cristianas y no podemos negar a Cristo». Esa determinación, en lugar de quebrarlas, las fortaleció. Otras presas en Evin comenzaron a hacerles preguntas sobre el Evangelio, y muchas de ellas escucharon, por primera vez en sus vidas, el mensaje de la salvación.
La presión internacional
El caso de Maryam y Marziyeh atrajo la atención de organizaciones de derechos humanos, gobiernos y comunidades cristianas en todo el mundo. Open Doors, Christian Solidarity Worldwide, Amnistía Internacional y varios líderes religiosos abogaron por su liberación. Cartas, peticiones y campañas en redes sociales mantuvieron viva la presión sobre el régimen iraní durante todo el proceso.
Tras 259 días de prisión, Maryam y Marziyeh fueron finalmente liberadas. La presión internacional, combinada con la falta de evidencia sólida en su contra, llevó al régimen a soltarlas. Más tarde, ambas escribieron juntas un libro titulado «Captives in Iran» (Cautivas en Irán), donde relatan su experiencia y testifican del fortalecimiento espiritual que vivieron tras las rejas.
El cristianismo iraní: una iglesia que crece bajo presión
Aunque Irán es oficialmente una república islámica donde la conversión del islam al cristianismo es legalmente castigada, la iglesia iraní es una de las que más rápido crecen en el mundo. Estimaciones de organizaciones como Operation World y Open Doors sugieren que hay cientos de miles de cristianos iraníes, en su mayoría conversos del islam, reuniéndose en iglesias clandestinas y a través de transmisiones cristianas en farsi.
Cada testimonio como el de Maryam y Marziyeh inspira a miles más a buscar a Cristo, a pesar del riesgo. La frase del teólogo Tertuliano —»la sangre de los mártires es semilla de la iglesia»— se cumple visiblemente en el contexto iraní. El régimen ha intentado durante décadas erradicar el cristianismo, pero cada esfuerzo represivo solo parece intensificar la sed espiritual del pueblo iraní.
Lo que la Biblia anuncia sobre los testigos perseguidos
Jesús anunció a sus discípulos: «Os van a entregar a las autoridades, y os llevarán ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Esto os servirá de testimonio» (Lucas 21:12-13). Cada juicio, cada interrogatorio, se convierte en oportunidad misionera. Pablo predicó el Evangelio ante Félix, Festo, Agripa y, finalmente, ante el César mismo. Pedro y Juan declararon ante el Sanedrín: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hechos 4:20).
Apocalipsis 12:11 declara que los creyentes vencen al adversario «por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte». Esta es la victoria que Maryam y Marziyeh experimentaron en Evin: una victoria que el mundo no entiende, pero que cambia historias y eternidades.
Reflexión final
El caso de las cristianas iraníes nos confronta con preguntas serias sobre nuestra propia fe. ¿Estamos dispuestos a pagar el precio del discipulado? ¿Apreciamos la libertad religiosa que disfrutamos? ¿Oramos por nuestros hermanos perseguidos? «Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos» (Hebreos 13:3). Que cada testimonio como este encienda en nosotros una fe más valiente, más comprometida y más dispuesta a vivir para Cristo en cada circunstancia.









