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Cristianismo

Niño con autismo pregunta durante culto si sus crisis son pecado y la respuesta de una predicadora conmueve en Brasil

Un momento ocurrido durante un culto infantil de la Asamblea de Dios en Maceió, Brasil, se convirtió en una inesperada enseñanza sobre fe, inclusión y el trato hacia las personas con autismo. Un niño llamado Djalma se acercó a la predicadora y le hizo una pregunta que, según contó posteriormente, llevaba desde hacía tiempo en su corazón: quería saber si las crisis relacionadas con su autismo eran pecado.

Un encuentro dedicado a enseñar el Evangelio a los niños terminó dejando uno de los momentos más conmovedores de la jornada en una congregación de la Asamblea de Dios del barrio Dubeaux Leão, ubicada en Maceió, estado de Alagoas, Brasil.

Los niños se habían reunido para participar en diferentes actividades y escuchar un mensaje cristiano. Sin embargo, en medio de la programación ocurrió algo que no estaba previsto y que posteriormente llamaría la atención de numerosas personas en las redes sociales.

Entre las invitadas se encontraba Thais Araujo, conocida cariñosamente como Tía Thais, quien se encontraba enseñando a los pequeños mediante carteles ilustrados.

Mientras desarrollaba su mensaje, uno de los niños presentes decidió levantarse de su lugar.

Su nombre era Djalma, un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que aparentemente llevaba desde hacía tiempo una inquietud relacionada con su condición y su fe.

Djalma caminó hasta donde se encontraba Thais y le hizo una pregunta directa: quería saber si una crisis relacionada con el autismo podía considerarse pecado.

La pregunta sorprendió a quienes estaban presentes y transformó por completo el momento.

“Jesús te ama como eres”

Ante la inquietud del niño, Thais respondió inmediatamente con palabras de cariño y seguridad.

“No, mi amor. Jesús te ama como eres”, le dijo.

La predicadora continuó explicándole que Dios lo conocía y que el hecho de tener autismo no significaba estar separado del amor, del cuidado o del propósito de Dios.

La respuesta buscaba atender una preocupación mucho más profunda que una simple pregunta formulada durante un culto infantil.

Djalma tenía dudas acerca de cómo Dios veía su condición y, particularmente, sobre el significado espiritual de las crisis que podía experimentar.

Por esta razón, Thais continuó hablándole y trató de disipar el temor que el pequeño tenía acerca de su relación con Dios.

Le explicó que una persona con autismo también puede acercarse a Dios, vivir su fe y formar parte plenamente de una comunidad cristiana.

En medio de aquella conversación surgió otra frase que se convertiría en una de las más destacadas del encuentro.

“El cielo también es para ti”, le aseguró.

Después de escuchar aquellas palabras, Djalma reaccionó de una manera que conmovió a los presentes: se acercó a Thais y la abrazó.

Posteriormente regresó sonriente a su lugar.

Una pregunta que llevaba tiempo guardada

Lo ocurrido adquirió todavía mayor significado cuando posteriormente se conoció que la pregunta del niño no había surgido simplemente por curiosidad.

La escena fue grabada y más tarde compartida en Instagram por la Asamblea de Dios Dubeaux Leão, donde comenzó a generar numerosas reacciones.

Después de la publicación, el propio Djalma apareció entre los comentarios y explicó lo que había significado aquel momento para él.

El niño reveló que durante mucho tiempo había tenido dudas acerca de si las crisis asociadas con el autismo eran pecado. También había pensado sobre si una persona autista podía ir al cielo.

Su comentario permitió comprender que detrás de aquella sencilla pregunta existía una preocupación espiritual que había permanecido en silencio.

Al recordar lo ocurrido durante el culto, Djalma escribió:

“Jesús tocó mi corazón en aquel momento”.

También expresó su agradecimiento a la congregación por la manera en que había sido recibido.

Lo que comenzó como una pregunta personal terminó convirtiéndose en un mensaje que alcanzó no solamente a quienes se encontraban dentro de la iglesia, sino también a las personas que posteriormente observaron el video.

La predicadora dirige el mensaje a toda la congregación

Después del encuentro con Djalma, Thais aprovechó lo ocurrido para hablar a quienes estaban presentes acerca de la manera en que los cristianos deben mirar y tratar a otras personas.

Según recoge Guiame Noticias Gospel, la predicadora destacó la importancia de actuar con misericordia y recordó que el mensaje de Jesús está dirigido a todos.

De esta manera, la pregunta de un niño terminó modificando momentáneamente el desarrollo de la enseñanza y proporcionando una oportunidad para hablar sobre aceptación, compasión y fe.

La congregación también acompañó posteriormente la publicación del video con diferentes referencias bíblicas relacionadas con la igualdad de las personas delante de Dios.

Entre ellas se encontraba Hechos 10:34, pasaje en el que el apóstol Pedro declara que Dios no hace acepción de personas.

También se hizo referencia a Gálatas 3:28, uno de los textos utilizados dentro del cristianismo para destacar la unidad de los creyentes en Cristo más allá de sus diferencias.

La publicación buscó transmitir que una condición como el autismo no disminuye el valor de una persona ni debe convertirse en una barrera para participar en la vida de una comunidad cristiana.

El autismo no es pecado

El episodio también puso sobre la mesa un asunto que puede generar inquietudes entre niños y familias cristianas: el autismo no es un pecado ni constituye, por sí mismo, una señal de culpa espiritual.

El Trastorno del Espectro Autista es una condición del neurodesarrollo. Las personas dentro del espectro pueden experimentar y relacionarse con su entorno de maneras diferentes, y existe una gran diversidad entre las características y necesidades de cada persona autista.

Por ello, las crisis o episodios de desregulación que una persona con autismo pueda experimentar no deberían interpretarse automáticamente como desobediencia deliberada, falta de fe o una conducta pecaminosa.

Esta distinción resulta especialmente importante cuando se trata de niños.

Las palabras utilizadas por adultos, líderes y comunidades religiosas pueden influir profundamente en la manera en que un niño entiende tanto su propia condición como su relación con Dios.

En el caso de Djalma, su posterior comentario mostró que él había estado reflexionando sobre estas preguntas desde antes del encuentro.

Su inquietud era profundamente personal: quería saber si algo relacionado con su condición podía impedirle acercarse a Dios.

La respuesta que recibió buscó eliminar precisamente ese temor.

La salvación y la gracia desde la enseñanza cristiana

Desde la perspectiva cristiana expresada durante el encuentro, la salvación no depende de que una persona tenga o no una condición del neurodesarrollo.

Uno de los pasajes bíblicos relacionados con este principio se encuentra en Efesios 2:8-9, donde el apóstol Pablo enseña que la salvación es por gracia mediante la fe y no el resultado de méritos humanos.

Este principio permite separar dos cuestiones que Djalma parecía haber relacionado durante algún tiempo: su condición y su aceptación delante de Dios.

El autismo no constituye una categoría espiritual que determine que alguien sea más o menos amado por Dios.

De igual manera, dentro de una comunidad cristiana, una persona con autismo no debería ser considerada menos capaz de recibir acompañamiento espiritual, participar en actividades o expresar su fe.

Para muchas iglesias, situaciones como la ocurrida en Maceió representan también un llamado a reflexionar sobre cómo reciben a niños y adultos con diferentes necesidades.

La inclusión no consiste únicamente en permitir que una persona permanezca dentro de un templo. También implica procurar comprenderla, escucharla y evitar interpretaciones que puedan hacerla sentir culpable por características que forman parte de su condición.

Un abrazo después de una respuesta que necesitaba escuchar

Uno de los elementos que más llamó la atención de la escena fue la reacción de Djalma inmediatamente después de escuchar la respuesta.

El niño había caminado hacia la predicadora con una inquietud que posteriormente reconocería haber tenido durante mucho tiempo.

Recibió una respuesta sencilla y directa: sus crisis relacionadas con el autismo no significaban que estuviera fuera del amor de Jesús.

Después llegó el abrazo.

Djalma abrazó a Thais y regresó sonriente a su asiento.

La escena, aunque breve, terminó adquiriendo un significado mayor cuando fue compartida públicamente y el propio niño explicó posteriormente lo que había ocurrido en su interior.

“Jesús tocó mi corazón en aquel momento”, recordó.

Su testimonio convirtió una pregunta infantil en una reflexión que alcanzó a padres, líderes religiosos y comunidades cristianas.

Una enseñanza que trascendió el culto infantil

El episodio ocurrido en la Asamblea de Dios Dubeaux Leão terminó trascendiendo la programación para la cual los niños se habían reunido.

Lo que inicialmente debía ser una enseñanza preparada por adultos se convirtió también en una enseñanza provocada por la sinceridad de un niño.

Djalma hizo una pregunta que posiblemente otros niños o adultos con autismo también podrían haberse planteado alguna vez en contextos religiosos: si determinadas manifestaciones relacionadas con su condición significan que Dios está disgustado con ellos.

La respuesta que recibió fue clara: su condición no lo coloca fuera del amor de Dios.

El episodio también recuerda la responsabilidad que tienen las comunidades de fe de procurar espacios donde las personas puedan hacer preguntas sin temor a ser rechazadas.

Para un niño que lleva una inquietud espiritual en silencio, encontrar un lugar donde pueda expresarla puede tener un profundo significado.

La Biblia recoge en Romanos 2:11 una declaración que la congregación destacó al reflexionar sobre lo ocurrido:

“Porque no hay acepción de personas para con Dios”.

En Maceió, esa enseñanza bíblica tomó una forma concreta a través de una pregunta, una respuesta y finalmente un abrazo.

Djalma llegó hasta la predicadora preocupado por saber si algo relacionado con su autismo podía separarlo de Dios. Regresó a su asiento sonriendo después de escuchar que no tenía que verse de esa manera.

Y su pregunta, que durante un tiempo había permanecido guardada, terminó convirtiéndose en una enseñanza para muchas otras personas: nadie debería sentirse demasiado diferente para acercarse a Jesús.

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