El COI exigirá pruebas cromosómicas para competir en categoría femenina desde Los Ángeles 2028

La nueva política limita la participación a atletas de sexo biológico femenino y marca un giro respecto a las normas vigentes desde 2021.
El Comité Olímpico Internacional (COI) anunció este jueves 26 de marzo una nueva normativa que condiciona la participación en las competencias femeninas a la verificación del sexo biológico mediante pruebas cromosómicas.
Según el organismo, la admisión en las categorías femeninas quedará reservada exclusivamente a personas de sexo biológico femenino que no porten el gen SRY, asociado al desarrollo masculino.
Cambio de rumbo en la política olímpica
La decisión representa un giro significativo frente a las reglas adoptadas en 2021, cuando el COI permitió que cada federación internacional definiera sus propios criterios de elegibilidad.
La nueva medida es una de las primeras grandes acciones impulsadas por la presidenta del COI, Kirsty Coventry, quien asumió el cargo hace un año. El organismo aclaró que la normativa entrará en vigor a partir de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y que no tendrá carácter retroactivo.
Aplicación y controles
De acuerdo con el comunicado oficial, la responsabilidad de implementar los test recaerá en las federaciones deportivas internacionales y en las autoridades deportivas nacionales.
Las pruebas deberán realizarse una sola vez en la vida del deportista, lo que, según el COI, busca establecer un criterio uniforme y definitivo para la elegibilidad en las competiciones femeninas.
Antecedentes y controversias
Aunque la medida supone un cambio a nivel olímpico global, este tipo de controles ya ha sido aplicado recientemente en algunas disciplinas como el atletismo, el boxeo y el esquí desde el año pasado.
Sin embargo, su implementación ha generado dificultades tanto prácticas como legales, además de reavivar el debate en torno a la inclusión, la equidad deportiva y los derechos de los atletas.
El COI ya había utilizado pruebas de verificación de sexo entre 1968 y los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, pero abandonó esta práctica en 1999 ante las críticas de la comunidad científica, que cuestionaba su fiabilidad, así como de su propia comisión de deportistas.
